Hola, Estimadas y Estimados amigos de nuestra familia de X e interesados en este documento histórico. Debido a contrariedades y disputas sobre comparativas sobre la base del sufrimiento de Cuba y Venezuela, he desarrollado este material para salvar algunas verdades para aquellas personas que tienen una visión errática e impositiva sobre estadistas y eventos sociales entre los dos países mencionados anteriormente.
Antes de entrar en materia pesada, les comento una experiencia personal. En la década de los noventa, el decano (de origen Cubano) de la Universidad Venezolana donde estudie, realizo una conferencia entre estudiantes para aclarar algunos aspectos de su experiencia personal en Cuba. Dentro de todas las vivencias contadas por este interesante hombre, una de los aspectos que mas me llamo la atención, fue que el declaro que se había escapado de la Isla, no por motivos de hambre ni resguardo clínico sino porque no le gustaba el Comunismo y las limitaciones de libertad que implementaba el sistema. Claro esta, esto es solo una historia personal de la cual se puede sospechar. Y eso fue lo que hice: sospechar. Así pues, decidí investigar mas a fondo estos casos, a través de datos históricos, prensa e incluso entrevistas personales a Cubanos que se encontraban en Venezuela. Y es impresionante, pero las respuestas que me lleve, en el tiempo, fueron las mismas impresiones del Decano Universitario. Incluso, viendo noticias de cubanos que llegaban a Estados Unidos y haciendo observación biométrica avanzada, estudiando el formato físico y fisiológico de personas recién llegadas a USA y otros países, me di cuenta que no mostraban rastros de enfermedad o hambre expresada en los cuerpos y rostro. Por otro lado, esta misma situación era apreciable en los médicos y enfermeras que mandaba Cuba a Venezuela, por convenio de Hugo Chávez Frías para asistir ambulatorios y centros hospitalarios.
Bueno, hoy en día y según estadísticas mundiales, se tiene en cuenta que la pobreza alimentaria en Cuba es de un 29% y en Venezuela supera el 75%. Y ahora si, vamos a entrar en un material mas profundo, en donde entenderemos el tuetano y magnitud de las heridas creadas en ambos países, sin considerar ninguna intención de favoritismo hacia alguna nación.
Hablar de tiranías en Nuestra América nos obliga, inevitablemente, a mirar hacia Cuba. Más de seis décadas de control absoluto, de promesas vacías convertidas en cartillas de racionamiento, de familias fracturadas por el estrecho de la Florida y de un sistema que ha visto pasar generaciones enteras bajo la sombra de un mismo modelo político. El sufrimiento del pueblo cubano es innegable, histórico y profundo.
Sin embargo, hoy quiero poner sobre la mesa una realidad tan dolorosa como ineludible: la tragedia que ha golpeado a Venezuela en apenas dos décadas supera, en velocidad, intensidad y magnitud de destrucción social, institucional y humana, incluso el prolongado calvario de la isla caribeña. Mientras a Cuba le tomó décadas erosionar sus cimientos bajo un proceso de paulatina estatización, Venezuela fue lanzada a un abismo sin fondo a una velocidad aterradora.
La magnitud de la caída venezolana
¿Cómo se mide el sufrimiento de una nación? No solo por los almanaques, sino por la profundidad de la herida. Venezuela no era un país pobre al que la promesa socialista encontró en la miseria; era una nación próspera, vibrante, con una democracia imperfecta pero con libertades, instituciones y una riqueza incalculable que se convirtió en su propia maldición.
En un par de décadas, el modelo político que se exportó desde La Habana y se adaptó en Caracas logró lo impensable: destruir por completo el tejido de un país rico en petróleo.
¿Dónde se ha visto un éxodo de más de siete millones de seres humanos huyendo a pie, cruzando selvas, desiertos y fronteras, no por una guerra convencional, sino por la devastación sistemática de su economía?
¿Cómo se compara la crisis humanitaria de un país que llegó a tener los hospitales sin gasas, sin medicamentos y sin luz, con el colapso industrial de una nación que pasó de alimentar a parte del continente a mendigar cajas de comida subsidiada?
El sistema político destruyó el valor del trabajo. En Venezuela, un profesor universitario, un médico o un ingeniero ganan salarios de hambre que no cubren ni un kilogramo de alimentos. La hiperinflación pulverizó el ahorro de toda una vida, borró a la clase media y redujo la dignidad humana a la mínima expresión. La violencia y la delincuencia se convirtieron en políticas de Estado, transformando las calles venezolanas en algunas de las más peligrosas del planeta sin que mediara un conflicto bélico formal.
El dolor no se mide solo en años
Es cierto: Cuba lleva más tiempo en la represión. Los cubanos han soportado el peso de la bota ideológica durante más de sesenta años, resignándose a la escasez crónica como una forma normal de vida. Pero el proceso cubano fue gradual, adaptándose lentamente a la miseria tras la caída de la Unión Soviética.
Venezuela, en cambio, sufrió una implosión trágica. En solo veinte años, experimentó el desmantelamiento brutal de un país moderno que cayó directamente en la indigencia colectiva, la persecución sistemática documentada por organismos internacionales, la pérdida de la soberanía entregada a intereses extranjeros y la destrucción de la esperanza de millones de jóvenes.
El dolor de Venezuela es el de la velocidad con la que se le robó el futuro a una potencia en potencia. No se trata de minimizar los sufrimientos de ningún pueblo hermano bajo el yugo del totalitarismo, sino de reconocer que la tiranía perfeccionó sus métodos de destrucción en tierra venezolana, logrando en tiempo récord lo que a otras dictaduras les tomó medio siglo.
La historia juzgará con severidad este experimento político, pero los venezolanos llevamos en el cuerpo y en el alma la prueba más dura: que se puede destruir un país entero, desangrar a su gente y apagar su luz en un abrir y cerrar de ojos.

.jpg)

Publicar un comentario